e shtunë, 09 janar 2010

Ana Rosa Bustamante Morales




Nacida en Arica en 1955, vive en Valdivia desde 1985.
Poeta, instructora de Francés, canta y pinta.

2005 : Publicación en Antología “Prosistas y Poetas Valdivianos” editada por Juan Carlos García Vera, Doctor en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de
Y o r k, Canadá, con el apoyo de la I. Municipalidad de Valdivia.

2007: Publicación libro “Nuestra Piel Ancha de Fuego” prólogado por el poeta Omar Lara y la poeta Valdiviana Teresa García.

2008: Publicada en “Cuentos y Poemas” autores antalogados del Taller de Creación Literaria que coordina el poeta Omar Lara en la Dirección de la Universidad Austral de Chile.

2008: Publicada en la revista argentina “Poesía de Rosario” por el poeta Guillermo Juan Ibáñez.

2008: Lectura en II Encuentro Latinoamericano de Escritores de Valdivia en 2008 organizado por Colectivo Paratopia.








Cuarto cerrado

El cuarto cerrado,
entra la pequeña luz del anhelo
que avisa una luz pequeña
me recuesto sobre ti, tus ojos,
me miran, se fijan a los míos
y dos océanos tumultuosos
se juntan reiniciando el universo.
mis labios se posas sobre tus labios
van recorriendo tu latido, tu sudor
tu jadeo,
avanzo y se levanta un dardo
con su veneno,
me dispara su arco blanco
meciéndome paloma sorda
ebria por los aires
ya desciendo laberintos
tu muslos dos capiteles
que separo para deslizarme
por tu sexo
y me embriago loca por territorios
que son míos irremisible
únicos en este planeta inhabitable.



Tallos del sésamo


Allá en los tímidos tallos del sésamo
se alzan al sol,
donde no vacila el insecto
su peregrinaje
y esplende el luminar ansioso.
Allí no es la muerte un augurio trágico.
Sacramento vivo
es un respiro de labios ilustres,
reverencian
a la humanidad,
sea señora,
sombra
y
luminaria latente.
Allí, escurridiza
seré endiablada mujer
para tus ritos.

Sentada en los matorrales
escrutando a lo lejos la ola
que no ha nacido,
tu mirada frutece mi boca,
cáscara que estalla su pulpa
y derrama las vicisitudes
amargas en la soledad vertiginosa,

y soy un abanico esperándote.

Es tu boca,
un deseo empedernido,
tu lengua voraz tatúa
en mi cuello un signo,
fierecilla a golpes de fuego,
tránsfuga del mundo,
luminosa tragaluz
para tu tiento
en los oscurecidos muros
al terminar el día.



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