e hënë, 21 qershor 2010

Rodrigo Illescas



Nació en Bahía Blanca en el año 1983. Actualmente reside en Lanús, Provincia de Bs. As., República Argentina. Integró mesas de lectura en diversos Ciclos de Poesía. En Octubre de 2007 publicó el libro de poesía "Asimismo, todo aquello" (editorial Vinciguerra) declarado de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación. Concurre al taller literario de Marta Braier. Participó del 3er. y 4to. Encuentro Internacional: "Poetas de las dos Orillas" Montevideo, Uruguay, en los años 2007 y 2008 respectivamente. Produce y conduce desde marzo del 2008, junto a Silvia Viola Figueroa, un programa cultural en Radio Espacio Buenos Aires FM 89.7.






Un equilibrista


Una bailarina se prepara
para salir a escena,
pero tropieza.

                 En ese mismo momento,
una niña le habla a un caballo herido
y afuera nieva.

¿Cómo pretende el mundo unir estas cosas?

Volvimos a comunicarnos con dos latas y un hilo.

No hay error en el antiguo sistema,
sino en el delgado lazo
que parece sostenerlo todo.




Bolita de vidrio


Una bolita de vidrio atraviesa la calle.
Se pierde al llegar al cordón
y un niño llora en la boca de una alcantarilla:

ya no sabe si es suya o de alguien más,

con su cabeza gacha intuye
la finitud de la materia;
pero no imagina
con qué indiferencia
giran las cosas redondas.






Blues en el jardín


Saco las sombras al jardín nocturno.
En el silencio natural las hojas tocan blues
y sobre el agua se posa la vida cansada.

Frágil equilibrio del hombre sobre el césped.

¿Qué hay que decir en estos momentos?

La oscuridad es real cuando la luz
hace del mundo una sombra en el jardín.





Figura y fondo


El bailarín cruza el escenario dando saltos.

Está el fondo de la figura
y está la figura descompuesta en su entorno:
         espejos rotos sobre el suelo
                      un cielo otro, reflejan.

La orilla y la calma
se posan como protagonistas,

              se repliega el ballet.

Un zapato de baile resalta en escena
      y la luz se empecina en mostrarlo;

el público aplaude,
olvidando que en algún lugar
otro zapato clama atención
sin escenario.





Cautiverio


Una mujer sube una escalera
      (ese no es su lugar)

¿Parirá un Hombre, un animal de presa,
un cautivo de los sueños del mundo?

Su hijo llorará en otras manos.

La vida parece detenerse
        antes de comenzar.

Una multitud cierra ventanas,
cuenta peldaños,
        huele a papel quemado.

La escena se detiene
en la oscuridad total.

El vestido rojo de la madre
realza el blanco y negro del entorno;

leve premonición
        de lo que está por derramarse.




Movimiento escénico


Una marioneta representando un gran papel,
de eso se trata todo:
La mano que la sostiene no cuenta.
No se ve la cara del hombre que la mueve.
El escenario casi a oscuras y sólo una luz sobre ella,
no la hiere,
no perturba su mejor perfil.
Afuera es un día como cualquier otro.
Las hormigas no dejaron de avanzar sobre la hierba.
Unas nubes se esculpen a su antojo sobre el cielo.
Pese a todo, la marioneta sigue con el drama
de imitar al hombre que la mueve.





Decisiones


Un hombre empuña un paraguas
como un arma contra el cielo.

Eso es lo que se ve.
Las demás son imágenes,
parecidas no a esta,
ya vistas de antemano.

Nada sucede más que eso.

Quien observa podrá darse cuenta
de que aquel hombre no quiere disparar,
no lo quiso ni lo querrá por el momento.

Extraño ese hombre, extraña actitud
dentro de este extraño planeta.

El tiempo pasa del mismo modo,
para él como para nosotros.
Nada ha cambiado. Llueve.

Quizás llueve,
y ese sea el motivo
por el cual
el hombre
empuña un paraguas.




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